
Pablo escribe en este pasaje la importancia de vivir sin deudas, y nos manda a no deberle nada a nadie. Esta idea va más allá que simplemente no deber, considero que habla también de la importancia de tener un orden financiero. En mi experiencia cuando tenemos deudas es que hemos descuidado ordenar nuestra vida financiera o bueno en ciertos casos por infortunios personales. Lo importante es ordenar ese hecho comenzando con nuestra fidelidad a Dios.
Ahora aún más importante que las deudas financieras Pablo dice que debemos amar al prójimo, es una especie de «deuda» espiritual, incluso menciona que amar al prójimo es cumplir la Ley. En ocasiones cuando medito en ese pasaje creo que exagera Pablo, pero cuando medito aún más profundo realmente no creo que exista otra forma tan efectiva para probar y demostrar que estamos cumpliendo la Ley que amar a los demás. Aunque claro, un amor que no debe ser fingido, un amor que debe nacer de una relación personal con Jesús.
Otro punto importante que menciona el Apóstol en este pasaje es un asunto relacionado con el letargo espiritual, un sueño del cual parece que no podemos o no queremos despertar. Entiendo que el cristiano debe (1) organizar sus finanzas, (2) amar a sus prójimo; ¿por qué no lo hace?, quizá porque vive «dormido», el mundo lo ha dopado de sus deseos y pasiones que no despierta, no comprende la importancia.
Entonces creo que lo más importante es levantarse, despertarse y eso se hace desde la voluntad pero desde la rendición a Dios de saber que no podemos solos. Se logra desde la Palabra, desde la oración, de pasar tiempo en meditación profunda, sincera, presente y activa ante Dios. Cada mañana, cada día como un forma de victoria diaria que se logra solo con el Poder el Espíritu Santo.
Quiera Dios que este día, sea el día de tu despertar.